El Laberinto

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Para los que ya habéis hecho algún retiro con nosotros, posiblemente ya lo habéis experimentado. El laberinto al que nos referimos es el Laberinto Cretense o Laberinto Clásico de Siete Vueltas, un símbolo y una geometría muy especial que posee una fuerte carga ancestral, además de ser un espacio sagrado donde, al adentrarse en él, se abren infinidad de situaciones y posibilidades. Este laberinto tiene un solo recorrido, un solo camino, con una sola dirección para entrar y para salir. Y es una herramienta que nos puede ser útil para meditar, para jugar, para solucionar problemas, para transformar, para celebrar rituales y ceremonias… Siempre decimos que es un laberinto para encontrarse, no para perderse.

Salvador, inducido por el misterio de su antigüedad y su cosmología, hace años que lo estudia, y lo ha estado construyendo por allí donde ha pasado, y, este que veis en la foto, es el primero que hace en su propia casa, en nuestra casa. Tenemos clarísimo que se ha manifestado en el sitio y en el momento que se tenía que manifestar. El espacio donde está construido ya estaba allí esperando, y el momento se manifestó cuando empezamos a realizar nuestros preciosos Retiros de Presencia aquí en nuestra finca.

El laberinto clásico de siete vueltas ha sido representado a lo largo y ancho del planeta y en diferentes momentos de la historia de la humanidad que comprenden desde la prehistoria hasta la actualidad. Vemos que este trazado de complejo diseño se repite con diversas variantes que no dejan de insinuar un origen común todavía desconocido. Lo podemos encortar de diferentes maneras pero siguiendo siempre el mismo diseño en lugares tan dispares como Arizona, Islandia, a orillas del Mar Báltico, Perú, Creta, Egipto, India, Galicia o Sumatra, en litograbados rupestres, en monedas o tallas de madera, en mitología griega o en simbología Hopi, en campos de césped o en suelos de catedrales.

En cada emplazamiento geográfico o momento histórico tiene numerosas interpretaciones. Para muchos, simboliza la totalidad del universo, debido a la unión en un solo símbolo entre el cuadrado y el círculo, la unión entre el Cielo (círculo) y la Tierra (cuadrado). Para otros simboliza la Muerte y el Renacimiento, desde el camino de ida, donde vas al lo desconocido a un final seguro, al camino de retorno volviendo sobre nuestros propios pasos para salir, para la liberación y para el renacimiento. Se lo relaciona con Mercurio (Hermes para los griegos), el mensajero de Dios, y astronómicamente, el recorrido que haces en el laberinto es igual al movimiento directo y retrógrado del planeta Mercurio en su ciclo anual visto desde la Tierra. Hay simbología con raíces más celtas, otra con influencias y matices más cristianos. Se usaba en ceremonias de casamiento, con danzas rituales. Y no podemos olvidar el mito de Teseo y el Minotauro, el laberinto de Creta construido por Dédalo por encargo del Rey Minos. Para los Hopi es un símbolo conocido como Tapu’at, madre e hijo, es la representación de un recién nacido en brazos de su madre. Son las murallas de Jericó o de las de Troya. O en la India simboliza el camino del nacimiento y se usa en rituales para ayudar al parto.

Más allá de su rica historia y simbolismo, el laberinto también tiene un profundo impacto psicológico, energético y espiritual en quienes lo recorren. Muchas personas experimentan un sentido de paz y claridad mental después de caminar por él. Esto se debe en parte a la naturaleza meditativa del proceso: el acto de seguir un camino predeterminado, repetitivo y con sus giros sobre el eje del caminante puede ayudar a calmar la mente y a centrarse en el momento presente. Para algunos, caminar un laberinto puede incluso inducir un estado de meditación profunda, similar a la meditación sentada.

El laberinto también se utiliza como herramienta de sanación y autoconocimiento, como una forma de explorar problemas personales y emocionales en un entorno seguro y controlado. El proceso de caminar por un laberinto puede ayudar a las personas a encontrar respuestas a preguntas difíciles, a liberar emociones reprimidas y a alcanzar una mayor comprensión de sí mismas.

En nuestro caso, hemos integrado el laberinto en alguno de nuestros Retiros de Presencia como ritual para el autoconocimiento y la transformación personal. Durante estos retiros, los participantes tienen la oportunidad de caminar por el laberinto, apoyado por nosotros y el resto de participantes del retiro, permitiendo que su diseño milenario los guíe hacia el propósito marcado en el ritual. Al caminar en silencio, siguiendo el sendero sinuoso, los participantes pueden experimentar una sensación de conexión con la tierra, con los pies descalzos, haciendo una buena toma de tierra y conectar con sus corazones en el silencio del momento.

Ya sea en solitario o en grupo, ritualizado o espontáneo, el laberinto clásico de siete vueltas nos ofrece una oportunidad única para la reflexión, la conexión y el autodescubrimiento.

Si quieres saber más, tienes más detalles en:
https://absolum.org/antrhis_laberinto01.htm

Y siempre puedes asistir a uno de nuestros Retiros de Presencia donde realizamos Rituales en el laberinto y puedes pasear en él para experimentarlo.
https://somamor.com/retiros/

Gracias por leernos.

     SomAmor – Alba Naudí y Salvador Gené